

AVENTURA SIN LIMITES
Cuando nos embarcamos en un bote de vela, nos convertimos en los capitanes de nuestro propio destino. El rumbo lo llevamos nosotros, pero es el viento el que dicta la velocidad a la que navegamos
Mientras surcamos las aguas, sentimos cómo el viento se cuela entre las velas, impulsándonos hacia adelante. Es una sensación de libertad y control que no se puede comparar con nada más. Somos nosotros quienes decidimos a dónde queremos ir, y es el viento el que nos lleva allí.
Pero no es solo el viento el que nos guía. El agua, ese elemento eterno e imponente, se abre paso ante nosotros, rompiéndose a nuestro alrededor y dejándonos pasar. Es como si el mar mismo nos diera su bendición, permitiéndonos alcanzar nuestro rumbo.
En la vela, aprendemos a leer los signos del tiempo, a interpretar las corrientes y a aprovechar cada ráfaga de viento. Es un deporte que requiere habilidad, concentración y una conexión profunda con los elementos naturales.
Cuando estamos en el mar, navegando a vela, nos convertimos en una sola unidad con la embarcación, el viento y el agua. Somos parte de un baile antiguo y eterno, donde los elementos se funden en una sinfonía de movimiento y energía.
La vela no es solo un deporte, es una forma de vida. Es un recordatorio de que, aunque no podemos controlar todas las fuerzas de la naturaleza, sí podemos elegir nuestro rumbo y utilizarlas a nuestro favor. Porque cuando nos lanzamos al mar, el viento y el agua nos guían, y nosotros, con nuestras habilidades y determinación, alcanzamos el destino que buscamos.
Que esta pasión por la vela inspire a todos ustedes a aventurarse y a descubrir la libertad y la emoción que ofrece este deporte. Porque en la vela, el cielo y el mar se unen, y nosotros somos los protagonistas de esta aventura sin límites.
Técnica : Acrílico sobre Tela Espátula
VENDIDA
Autor : Daniel Coranguez Cervantes


